Por favor, no adoptes una mascota (a menos que la aceptes tal como es)

Two male cats resting / Photo by Rogelio Rivera-Nava / rogelioriveranava.com / [ Focal length: 55 | Shutter speed: 1/30 | f number: 5.6 | ISO: 400 ]

Two male cats resting / Photo by Rogelio Rivera-Nava / rogelioriveranava.com / [ Focal length: 55 | Shutter speed: 1/30 | f number: 5.6 | ISO: 400 ]

¿Eres de los que se enternecen con una mascota y se la llevan a casa de inmediato? Antes de entablar una relación a largo plazo, tendrás que saber que una mascota tiene virtudes, pero también defectos.

[Alcance geográfico: El mundo] [Tema: Las mascotas no son para todos los humanos. Si estás dispuesto a tolerar a un animal en tu hábitat, acéptalo para siempre] [No apto para pseudo adoradores de las mascotas]

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Entras a tu casa con tu nueva mascota, que llegó a tus manos por alguno de muchos motivos. La decisión de adoptarla pudo ser plenamente consciente, aunque tal vez encontraste al animal desamparado en la calle o te lo regalaron.

La primera cagada de tu mascota será una pista de lo que te espera; quizás luego vendrán los chillidos nocturnos, porque la mascota se siente desambientada en su nuevo hogar. A medida que pase el tiempo, te irás dando cuenta  que tener una mascota no se trata simplemente de darle de comer, acariciarla y llevarla a su revisión de rutina. No, de ninguna manera.

Tan pronto entre en tu vida, una mascota te obligará a cambiar muchas costumbres.

Empezarás por redecorar la casa. Las puertas de madera tal vez acabarán con una placa de acero inoxidable en el tercio inferior, que protegerá de los arañazos que tu mascota hace de manera obsesiva, para pedir que la dejen entrar o salir (haya o no gente que le conceda el deseo).

Aunque no tienes reses ni borregos y tu casa no es un campo de pastoreo, es probable que necesitarás cercas para dividir los espacios, para evitar que se peleen dos mascotas que no se llevan bien; otras veces querrás separarlas de los niños pequeños o, bien, para impedir que los animales vayan a lugares en los que no quieres que estén.

Pensarás en qué diablos puedes ponerle a una pared, cuando llegues a tu casa y tu mascota perruna tenga el hocico blanco, por haber mordisqueado un panel de material ligero, que ni siquiera sabías que existía en tu departamento. Por lo pronto, tendrás que poner un mueble enfrente del hoyo, con la esperanza de hacer que tu mascota olvide su afición por buscar tesoros en tu casa. Pero las manías adquiridas son difíciles de quitar. Espera un nuevo hoyo en otra pared.

Sentirás deseos de estrangular a tu mascota (por favor, no lo hagas) cuando encuentres las almohadas de plumas -que trajiste de Europa- regadas por toda la habitación y a tu mascota entre todo el desorden con carita de “¿por qué mi amo parece estar enojado, si encontré y aniquilé a este peligroso ganso?”.

¿Manteles? ¡Ja, ja! ¡Olvídalos!

Con una mascota es casi imposible tener manteles, porque servirán para que escalen hacia la mesa o para que los muerdan y jalen (y tiren lo que haya encima de la mesa).

Acabarás encerrando a las mascotas encimosas temporalmente, cuando te visiten tus amigos o familiares quisquillosos. A nadie le gusta que, de repente, una mascota perruna o gatuna se le suba encima, con las patas sucias o con las uñas salidas.

Mangueras, utensilios, trapos, cuerdas y todo objeto de plástico o de tela, estarán en la mira de los perros inquietos. Deja cualquiera de estos objetos olvidados en el jardín o en el patio sin atender, por sólo unos minutos y despídete de ellos.

Lo mismo pasa con los rosales, que llevan generaciones en el jardín, o con el auto que acabas de comprar. Algunas mascotas caninas inquietas (por ejemplo, los inocentes golden retriever) cavarán cada trozo de tierra a su alcance y, aun sin hambre, mordisquearán las partes plásticas del auto por el que está empeñada tu alma durante dos años.

Libros, adornos, vajillas, ropa; todos peligran si a tu mascota no le gustan o si le gustan mucho. Acabarás escondiendo los objetos que despierten demasiado el afecto de tu mascota. De lo demás no te preocupes: tu mascota decidirá qué no le gusta de tu decoración y lo romperá, tarde o temprano.

Después de tirar varias alfombras o incluso dos salas completas y un sofá, debido a que quedaron inutilizadas por los orines malolientes de tu felina mascota, acabarás quitando cualquier tipo de textil del piso, y tendrás que comprar un juego de sillones para jardín, con colchones de vinyl y que se puedan lavar, para evitar que tus mascotas terminen con tu salud financiera y tu gusto olfativo.

Los muebles no serán aptos para recibir visitas quisquillosas, una vez que tus mascotas decidan que les gustan para afilarse las uñas. Unas sábanas o cobijas encima disimularán un poco, pero los muebles nunca volverán a verse bien.

Tus amigos que son alérgicos a las mascotas dejarán de visitarte. Cuando se animen a ir, estarán alertas cuando sus ojos empiecen a lagrimear o comience la tos, porque ese será el momento de irse. Los antihistamínicos en tu botiquín servirán para que la reunión se prolongue apenas unos minutos más.

Tu ropa favorita peligrará constantemente.

Tus jeans de diario, tu camisa favorita, el suéter que te regaló tu novio(a) el día de su aniversario o tus botas de batalla, pueden acabar como su objeto para mordisquear o para arañar. O tal vez algún día tendrás que pedir la ayuda de un profesional de la limpieza, para rogarle que salve tus objetos preferidos, luego de que tu mascota vomitó encima de ellos. O necesitarás un zurcidor, porque tu mascota gatuna rasgó tu ropa con sus uñas, al asustarse y salir corriendo, mientras la tenías cargada en tus brazos.

Los pelos por doquier serán la constante en tu vida. No importa con qué frecuencia sea aseada tu casa y cuantos implementos uses para quitarle los pelos a tu ropa, ya que estos se acumularán hasta en el último rincón y se entretejerán en los textiles.

Algunas mascotas, sobre todo los felinos, acabarán por dejar sus uñas marcadas en tu cuerpo. Lo harán sin mala intención, tal vez porque se asustaron cuando dormían en tu vientre, o porque quisieron escalar hacia tus piernas. Cortarles a los felinos las uñas será otro de los muchos rituales que exigirá tu atención periódicamente. Espera una oposición suya cada vez mayor.

Las computadoras portátiles serán una tentación constante para tus mascotas. Quién sabe si esto se debe a que las mascotas se sienten celosas de un aparato, frente al que su dueño se la pasa horas enteras, o si la misma computadora ejerce un poder magnético sobre las mascotas. Muchos dueños aprenden a la mala a guardar sus computadoras mientras no las usen, después de que una mascota decide orinar o vomitar precisamente sobre el teclado. O brincarle encima y romper la pantalla.

Algunas mascotas no atacarán tu computadora, pero tal vez desarrollen un gusto obsesivo por morder los cables de teléfono y de otros aparatos.

En los días de descanso y en las noches, tu lugar no será la cama, no si antes no llevas a pasear a tu mascota perruna, para que sus tripas se motiven y puedan arrojar unas buenas cagadas. No importa si una mañana estás desvelado por la fiesta de la noche anterior, ni tampoco importa el mal clima afuera: algunas mascotas se encargarán de hacerte sentir el peor amo del mundo si no las llevas a caminar.

¿Un(a) nuevo(a) compañero(a) para tu mascota actual? Piénsalo bien antes de hacerlo, porque podrías ocasionar una guerra para determinar quién es la mascota dominante. El asunto puede ponerse tan grave como una disputa territorial dentro de un reclusorio. Prepárate a recibir muestras de desaprobación del nuevo o del viejo inquilino: orines y cagadas en los lugares que menos esperas, en protesta.

Incluso sin presiones externas, algunas mascotas deciden un buen día que ya no quieren portarse bien y, a pesar de que ya las creías educadas, volverán a cagar o mear donde no deben.

Y las mascotas felinas orinarán o cagarán en los lugares menos adecuados (tal vez hasta en tu almohada) por muchos motivos: porque las dejaste “abandonadas” sólo una noche, porque las regañaste “injustamente” o si sospechan que quieres abandonarlas.

Otras mascotas eligen manifestaciones menos malolientes: se te cruzan enfrente o se meten entre tus piernas en los momentos menos adecuados; por ejemplo, cuando bajas unas escaleras o cuando llevas cargando algo.

En ocasiones sospecharás cuando tu(s) mascota(s) no haga(n) ningún ruido. El silencio repentino será la señal de alerta de una nueva diablura que están cometiendo tu(s) perro(s) o gato(s). A veces, las mascotas no dan tregua.

En las fotos que tus amigos publican en el Instagram, sus mascotas serán absolutamente adorables. Pero, como toda buena foto, ésta puede mentir. Detrás de un simpático cocker spaniel o de un gato ángora que quieres apapachar con sólo verlo, hay una mascota que a veces le hará ver su suerte a su amo.

Habrá quienes dirán que una buena educación (para la mascota y para el dueño) será el remedio a todos los males. Muchos han pensado lo mismo, pero no todos logran adiestrar a su mascota para que sea un modelo de obediencia (o, por lo menos, no por completo). A todo esto, ¿alguien conoce a un encantador de gatos?…

Existen razas que, supuestamente, son menos ruidosas, menos olorosas, más tranquilas y que sueltan menos pelo. Algunos incautos creerán que será más fácil convivir con una mascota de estas razas “de bajo impacto”, pero con el tiempo pueden sentirse víctimas de una estafa. No hay mascota perfecta.

Para no hacer el cuento largo, las mascotas pueden ser tan desagradables como recibir una llamada equivocada un lunes en la madrugada; tan exasperantes como un burócrata holgazán que no cumple su deber, o tan irritante como la tonada del teléfono a todo volumen de tu vecino(a) de oficina, con la canción que odias tanto.

Piensa bien si aceptarás una relación de largo plazo con el pequeño y adorable gato siamés que te regala tu novio(a); el labrador que tu primo te aparta de una camada; el conmovedor gatito criollo que encuentras abandonado en la calle, o el perro de mucha raza y pedigrí que te ofrecen por un buen precio.

Todos cagan, mean, se enferman y necesitan atenciones. Si no quieres redecorar tu hogar, cambiar tus hábitos, ni alterar tu apacible vida, mejor dile a tu novio(a), primo o vendedor, “no gracias”. Al perro o gato abandonado, sálvalo y búscale un buen dueño. Pero nunca, nunca, aceptes una mascota de la que luego te desharás.

Pero no me malinterpreten. La mayor parte del tiempo, las mascotas son adorables. Para algunos de nosotros, las mascotas se aceptan con sus virtudes y defectos, y decidimos darles un hogar de por vida tal y como son.

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Nota: Todos lo hechos aquí recopilados son reales y fueron sufridos por personas que un buen día decidieron adoptar una mascota, sin estar conscientes de las consecuencias. Se omiten los nombres de las mascotas para salvaguardar su privacía. Ningún animal fue lastimado al realizar este artículo (cosa que no podemos asegurar de sus amos).

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