Por qué todos somos mexicanas

El lenguaje cotidiano suele ser un reflejo de las convenciones sociales. La actual referencia a “las y los mexicanas y mexicanos” es una manera condescendiente de referirse a las mujeres, un burdo intento de incluirlas a ellas en el entorno social y político nacional. Pero la realidad es otra muy distinta.

[Alcance geográfico: México, Latinoamérica y países que hablan castellano] [Tema: Cómo el lenguaje es reflejo de una sutil misoginia y cómo el lenguaje podría revertir el machismo, pero sin ser condescendiente con las mujeres] [A lo largo de este artículo, cuando me refiero a “expertos”, “ciudadanos” u otro grupo humano, por supuesto, están incluidos (e incluidas) hombres y mujeres]

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“Chiquillos y chiquillas

A finales del siglo pasado, los políticos comenzaron a referirse a sus votantes en femenino y en masculino. Sin ser el primero en utilizar la ahora inevitable combinación del artículo femenino y masculino plural “las y los”, Vicente Fox, entonces candidato a la presidencia de México, utilizó un trato deferente a las mujeres como otra más de sus muchas estrategias de comunicación.

Ya que Fox fue el primer candidato mexicano que recurrió abiertamente a las técnicas modernas de marketing político, es fácil deducir que él y sus asesores sabían el peso del voto femenino y, por consiguiente, era obligatorio dirigir su campaña hacia las mujeres en igual medida que hacia los hombres. Así acabó llamando a sus votantes “mexicanos y mexicanas”, “ciudadanos y ciudadanas” o hasta “chiquillos y chiquillas”.

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“Taparle el ojo al macho”

Lo que los votantes pasaron por alto es que los políticos suelen hablar como lo hace un seductor: con o sin malas intenciones, dirán lo que otros quieren escuchar.

Desde el punto de vista del idioma, para hacer más sencilla el habla, es correcto llamar a un grupo de personas en masculino, sin importar si este grupo está integrado por hombres y mujeres. Si es necesario ser específico para referirse a ambos sexos, es válido usar “las y los” (o “los y las”).

Con el uso obligatorio de “las y los”, lo que los políticos lograron fue convertir la excepción en la regla. En su afán de decir lo que los votantes quieren escuchar, con el uso de “las y los”, los políticos sólo lograron “taparle el ojo al macho”, que en el refranero mexicano significa que un problema recibe una falsa solución.

Una mañana de 2009 supe que ya no había vuelta atrás con el uso indiscriminado de “los y las” cuando en un noticiario matutino de la radio de Ciudad de México escuché el mensaje de una niña que se quejaba, porque se sintió excluida cuando saludaron a los niños con un “¡Buenos días, niños, que se dirigen a la escuela!”, sin mencionar a las niñas. La locutora corrigió: “Perdón, buenos días, niños y niñas”.

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Lenguaje y misoginia

Los expertos coinciden en señalar que el lenguaje cotidiano es un reflejo del entorno social. También lo es del ambiente familiar. Y por lo contrario, la modificación del lenguaje cotidiano puede influir en el comportamiento colectivo.

La deferencia hacia las mujeres que sugiere el uso de “las y los”, es sólo un trato condescendiente hacia el sexo femenino, que no consigue ningún avance en los derechos de ellas. Condescender no nos lleva a un trato igualitario.

Como ya lo han señalado muchos expertos, hay otros muchas otras omisiones inmensamente más graves, que promueven la desigualdad hacia las mujeres. Por mencionar algunas, la silenciosa complicidad que acepta la violencia hacia las mujeres (leer el más reciente informe de Europa al respecto) y el contenido de la música popular, que va de un trato como objeto hacia las mujeres, hasta la franca misoginia.

Si hubiera una genuina preocupación por el lenguaje, estaríamos dedicados a identificar las frases cotidianas que se dicen en la familia, y que resultan más preocupantes que la “inclusión” que (supuestamente) promueve el uso de “las y los ciudadanas y ciudadanos”.

En la pirámide que comparto debajo de este párrafo se pueden ver que los cimientos de la sociedad patriarcal están hechos de formas sutiles de machismo, entre otras, el lenguaje sexista, el cual está tan arraigado en nuestra cultura, que muchas veces no nos damos cuenta de sus implicaciones.

Por mencionar un ejemplo, decir “Está en sus días”, es una forma de misoginia. Otro más: Cuando un hombre dice orgulloso “Yo ayudo a mi esposa en las labores de la casa”, está dando por hecho que las labores domésticas son la obligación de las mujeres. Este hombre debería decir “Yo comparto las labores de la casa”.

¿Recuerdas la canción del grupo Timbiriche llamada “Soy un desastre”?… Aquí, parte del coro:

Soy un desastre cuando tú te vas de casa
En el armario ya no encuentro las corbatas
Soy un desastre y no entiendo lo que pasa
Ya estoy cansado de comidas enlatadas
Soy un desastre y sin ti yo estoy perdido…

¿A quién está dirigida la canción? ¿A la pareja de un individuo, que se encarga de acomodar su ropa y cocinar para él? ¿O la canción está dedicada a la mujer del servicio doméstico?

Hace unos años lancé la anterior pregunta por Facebook y Twitter, y nadie respondió.

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Una propuesta moderna

Desde que se llevan a cabo censos en México, las mujeres han superado en número a los hombres (ver tabla abajo), quizá debido a la constante migración de varones o a los mayores riesgos que corren ellos en el trabajo o en la vida cotidiana. El censo de población en México de 2010 muestra que el número de hombres por cada mujer alcanzó la cifra histórica más baja; es decir, hay más mujeres que hombres.

¿Entonces, si ellas son más, por qué no podemos referirnos a la población de México simplemente como “mexicanas” o “ciudadanas”?

Si el principio que favorece la evolución del lenguaje es la simplificación, resulta mucho más fácil referirse a “las ciudadanas mexicanas” que a “las y los ciudadanas y ciudadanos mexicanas y mexicanos”.

En otros países más avanzados, esta discusión lleva algún tiempo en marcha. Por ejemplo, en la Universidad de Postdam, de Alemania, se ha hablado de quitar la denominación “Sr.” (Herr) en las formas de registro, y poner en su lugar “Sra.” (Herrn). Leer al respecto aquí (en inglés).

México, rezagado en el tema de igualdad social, también está lejos de poner sobre la mesa de debate otra propuesta alemana: la posibilidad de omitir el sexo en el acta de nacimiento. Leer más aquí (en inglés).

Mientras esperamos a hablar de lo que realmente importa, los mexicanos (y las mexicanas) seguirán abusando hasta el paroxismo de “las y los”, sin lograr un cambio real en los derechos femeninos, o sea, “tapándole el ojo al macho”. Irónico, ¿no?

Dedicado con respeto y admiración a las mujeres que han compartido mi vida.

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